Inversor Consciente

Almanaque de mis inversiones, divagaciones y experiencia profesional. Blog de @dalarconez


Discurrir anacrónico

«El español es poco amigo de pensar, pero si piensa no hay otro pensamiento más que el suyo.»

Julio Camba

1.

Lo único que agradezco (académicamente) al primer y único año que asistí a la Facultad de Periodismo [1] fue descubrir a Julio Camba [2]. Y ni siquiera era una lectura obligatoria.

Camba es lo que otros llamarían ‘pensador’. Yo le considero un rumiante de ideas. Leerle filosofar sobre el costumbrismo de épocas pasadas es desternillante. Han pasado (y pasarán) varias decenas de años y nada ha cambiado.

Encontrarme tan joven con Camba significó dejar atrás muchísimas estupideces que me distraían en términos vitales. ¿Maduré? No lo sé… pero al menos me quitó la gilipollez de aquellos años. O así lo veo ahora. Sus libros están llenos de hostias de realidad, que van de aquí para allá. Nadie se atrevería ahora a hablar así para reírse de uno mismo y de los demás. Qué horror la cultura de la cancelación.

2.

Fue un sábado o un domingo, en el Paseo de Recoletos de Madrid, con mi padre. Calculo que por octubre de 2009. Los findes solíamos ir los dos ‘de recados’ al centro. Echo de menos esos planes con él. Llegamos ante la diosa Cibeles y a su derecha decenas de casetas. Era algo así como una feria de libro antiguo que recorría desde el Palacio de Linares hasta la glorieta de Colón.

Mi padre ignoró que se trataran de libros de colección impresos hace décadas. ‘¿No tenías libros que leer para la universidad?’, me preguntó. Y yo, estúpido: ‘Sí, pero… ¿Aquí?’.

Fuimos de puesto en puesto preguntando. Encontramos varias primeras ediciones de Julio Camba. Qué bonitos. Cómo los encuadernaban. Compramos Esto, lo otro y lo de más allá (1945) y Etc., etc. (1945). Ochenta años después están en mi estantería de IKEA.

3.

Gracias a Camba creé consciencia. Estoy seguro de que él me enfocó. Me alejé del pensamiento de blanco o negro [3]. Me desprendió del sentimiento divino que les invade a algunos por pertenecer a un grupo, una comunidad, un partido o un equipo. Comprendí LA VIDA gracias a Julio Camba (y no a la turra de Robert Kiyosaki, que también le leí años después).

Todos jugamos con las mismas reglas y es solo cuestión de uno mismo dejarse engullir o prosperar. No me alargo [4].

Si alguien me lee al otro lado, solo puedo invitarle a devorar con humor estas crónicas. Y después, si quiere, vaya a por Kiyosaki.

__

[1] No voy decir que ‘estudié en tal sitio’ porque aprobé tres asignaturas por compasión de algunos profesores.

[2] Pregunte a ChatGPT quién es Julio Camba (y después, lea sus libros).

[3] Casualmente, hacia dónde ha tirado el mundo.

[4] Estaría mal ponerme a detallar una lista infinita de motivos y parecer un charlatán más. Por cierto, también les recomiendo leer La Conjura de los Necios (1980), que es posiblemente el libro que más he regalado en mi vida según mi cuenta de Amazon.

Una respuesta a “Discurrir anacrónico”

  1. […] Como dije en la primera entrada de este blog, la política ya no ocupa lugar en mi vida ni forma parte de mis preocupaciones. Más allá de estar mínimamente informado por si agitan el tablero o por si tengo que ponerme los tapones cuando encienden la música. Por eso ni voto, ni me quejo. […]

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