«Si quieres que no te atropellen, yo sólo veo un camino para ti: el de que te conviertas, a tu vez, en atropellador.»
Julio Camba
1.
Emperadores de silla de oficina (sin trono) y con los pies encima de la mesa.
Qué estampa.
De vez en cuando, se me vienen a la cabeza la cantidad de tropelías que he visto en mis trabajos del pasado. Estas historias suelen incluir droga, mimosas y golpes en el pecho. Alfas de AliExpress. Qué peligro tiene un tonto cuando está motivado.
2.
Técnicamente, un boomer (que viene de baby boomer) es cualquier persona que haya nacido entre 1946 y 1964. Pero creo que el término ha roto las fronteras de la edad y se ha convertido en una actitud fácilmente detectable. Es decir, puedes tener 20 años y ser un puñetero boomer.
En términos laborales, el boomer siempre finge que hace más de lo que realmente sus capacidades podrían permitirle. Sus proezas van aliñadas con adjetivos y superlativos como difícil, complicadísimo, urgente, ocupado, liadísimo, etc.
Y cuando le explota en la cara, te rebota un mail con un palabro en inglés que le da empaque al asunto. Por ejemplo, mandatory. Y en el fondo te está suplicando ayuda…
3.
He conocido a varios y me he reído muchísimo, creo que gracias a la perspectiva que me dio el libro de La Conjura de los Necios.
Uno de estos, con el apellido de CMO, tenía más seguridad en sí mismo que el Air Force One del presidente de los Estados Unidos. Por ejemplo, este tío aseveraba (y seguirá haciéndolo) que el algoritmo de Facebook (ahora Meta) es una mierda, retirando toda la inversión en publicidad del negocio. Y acto y seguido pedir a un empleado que le instale el correo electrónico en el iPhone porque él no entiende de esas cosas…
Evidentemente, las ventas cayeron. No te da la razón hacerte pasar por un científico de datos que entiende el algoritmo de Facebook.
Éste mismo, meses después, aceptó forrar el interior de la plaza de toros de Granada con el logo de la empresa por un par de decenas de miles de euros. Un auténtico estratega.
4.
Están muy relacionados con los vampiros energéticos, que hablaba en la entrada anterior. Escucharles te quita la energía. Algunos tienen el súper-no-poder de hablar y no decir nada.
Otra de sus facultades es la de enfrentar al equipo. Entre 2013 y 2017 tuve un jefe que tomaba medidas contra todos si fallaba un solo miembro del equipo. Nos ponía tarjetas amarillas y rojas, como un árbitro de fútbol, si en nuestras cuentas de Twitter no teníamos al menos 100 retweets al día cada uno. La amarilla te avisaba, y con la roja perdías tu único día libre de la semana [1]. Su mano derecha, o eso creía él, me decía siempre que aquello era como el Mein Kampf de Adolf Hitler. Esclavos del siglo XXI.
5.
Llegados aquí, me parece a mí, que el término boomer no es más que el carca que decimos en español, ¿no? Alguien con poca apertura de miras, paternalista, anclado en el pasado, cómodo y con escasa atención al futuro.
Y hablando de futuro, ¿cuándo nos convierte en boomer decir que alguien es boomer? Tal vez ya…
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[1] Trabajaba como falso autónomo español con contrato en los Estados Unidos, seis días a la semana. Pero eran siete si caía la tarjeta roja. Por culpa o gracias a eso dejé esa jaula de cristal.



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