Inversor Consciente

Almanaque de mis inversiones, divagaciones y experiencia profesional. Blog de @dalarconez


Anarcovirtudes

En busca de mi propósito en la vida, he notado que cuando obro con buena moral siento paz y tranquilidad dentro de mí, y eso me da felicidad. En definitiva, sé que debo actuar con virtud.

No distingo si este estado de placidez es provocado porque se me educó bajo el dogma cristiano católico. Reconozco que sus virtudes (en contraposición a lo que llaman pecados) son una rica base para cualquier ser humano y comunidad.

Creo que la mayoría de las culturas, religiones, sociedades, etc. se cimientan sobre (buenos) parámetros comunes. No descubro la pólvora aquí, pues es casi un saber popular que existe un catálogo de virtudes morales que nos procura la convivencia.

Haciendo un estudio, no muy sesudo, de las obras que he ido leyendo he decidido elaborar mi propio índice de virtudes para que me acompañe. He aunado en bloques las que a mi parecer van de la mano o se entienden muy bien entre ellas, centrándome exclusivamente en las que quiero poner foco (aunque existan muchas más):

1. Frugalidad, orden y desapego

Podría resumirlo en minimalismo, o lo que yo creo que es porque nunca indagué sobre la corriente a la que da nombre.

De bien pequeño tuve la manía de acumularlo todo. Atesoraba chapas y corchos de botellas de vidrio, cualquier tipo de alambre, gomas elásticas, pinzas de tender, diferentes partes de un mechero, y cáscaras de frutos secos, por ejemplo. Todo eso lo usaba para construir mis propios artilugios, aunque ya tuviera decenas de muñecos con mucha mejor pinta al venir de una juguetería. Incluso creaba fichas técnicas a lápiz de mis invenciones (no alcanzaban la categoría de inventos). Más adelante me dio por las videoconsolas, la música, los libros, los sellos, las monedas, etc. Algunos lo llamarán coleccionismo.

Sin embargo, al llegar a la vida adulta y coleccionar también unas cuantas mudanzas, odié los días que decidí acumular todos esos objetos. En 2015 viré y hasta hoy sigo deshaciéndome de todo aquello que almacené durante las dos décadas anteriores. La era digital me ha ayudado a eliminar el sentimiento por algunos objetos, y en los últimos dos años he vendido y regalado gran parte. Mi objetivo es terminar esta limpieza física, pero que afecta directamente sobre mi salud mental, a mediados de 2025.

En el plano no-físico, la forma de mantener el orden es una cuestión de compromiso con uno mismo. Debes dar estructura a tus días, a tus meses, a tus años y, en definitiva, a tu vida. Yo he ignorado este aspecto tan importante durante prácticamente toda mi vida. Me despertaba porque había que ir a trabajar, y me quedaba en la cama los fines de semana porque no había nada que hacer. Si no hay una meta, no hay camino que recorrer.

Crear estructuras y sistemas es primordial para salir del hoyo. Advierto que no es fácil. Creo que fue a finales de 2020, un año antes de finalizar mi etapa profesional en Barcelona, cuando por imitación empecé a anotar mis gastos clasificados por categorías (ya lo hacía mi pareja). Y así creé mi primer sistema para ‘algo’ y éste sirvió de activador para otros ámbitos de mi vida. Cuanto más ordenas más se evidencia el caos. Pero ocurre que vuelves a aprender con ilusión, porque funciona y engancha.

Sin profundizar, ahora riego estos campos: aprendizaje; salud mental; salud física; salud financiera; familia y amigos; y profesional. Cada uno puede hacer la clasificación que quiera, pero todo se resume en TIEMPO, que es el parámetro que nos iguala a todos. Sólo tú decides a qué áreas se lo dedicas para potenciarte a ti y/o a quienes quieras.

Practicar el orden y el desapego trae consigo la frugalidad, al menos en mi caso. Y esto regula mi nivel de ego – lo que otros llaman calidad de vida. Soy feliz con lo que tengo y no aumento mis gastos porque gane más dinero. Sigo viajando, salgo a cenar con mi familia, amigos y pareja, y compro aquello que me hace la rutina más fácil.

Apuntaos esta fórmula:

Ahorro (A) es igual a ingresos (I) menos ego (E)

A = (I – E)

2. Humildad contra la soberbia, paciencia contra la ira, y silencio

En este momento, pongo mucho esfuerzo en cultivar la humildad y la paciencia. Por alguna razón, mantenerlas a raya se hace más complicado con los más cercanos. Con la familia y la pareja, con quienes te has quitado la careta, es fácil dejarse ir.

Ejercitar la humildad y la paciencia potencian mi salud mental y la relación con mi familia y mis amigos. Y por otro lado, ambas virtudes ahuyentan mis aires de grandeza cuidando también de mi salud financiera.

El silencio es un gran aliado para luchar contra la soberbia y la ira.

Y en sí, el silencio como virtud, atrae el autoconocimiento. Solo permaneciendo callado eres capaz de analizar tus pensamientos y los momentos. Yo mismo siento que, con esta práctica, puedo transformar mi entorno en lugares pacíficos y calmados. Un par de veces al mes, te recomiendo retirarte a la montaña, la playa, e incluso al parque de tu ciudad. Anda por la naturaleza y habla contigo mismo, fluye por tus pensamientos y trata de conocerte.

Me agrada haber llegado a alguna de estas conclusiones por mi propio pie, empujado eso sí por la buena lectura.

3. Diligencia contra la pereza, y resolución

Últimamente está muy de moda el verbo procrastinar, que para mi no es más que un eufemismo para enmascarar que eres un vago.

La diligencia y la resolución son la digievolución del orden. Primero organizas, pero si no tomas acción y ejecutas, acabarás arrastrando tareas en tu calendario en busca de un teórico momento perfecto y futuro (porque ahora te da pereza). Al final, este comportamiento lo único que te genera es ruido mental y, casi seguro, que ansiedad y estrés.

Todos sabemos lo que hay que hacer para dejar de remolonear, pero en caso de que necesites un empujoncito a bases de tips te puedo recomendar dos libros de los que podrás extraer algunos:

Y uno de mis mantras que me repito diariamente: «Mejor hecho que perfecto».

*Actualizo en agosto de 2025: Recupero un momento el concepto de minimalismo, mencionado al principio en ‘Frugalidad, orden y desapego’. Hay que ser sincero con uno mismo en el calendario y la planificación. Llenar todas las horas con cosas que hacer es humanamente imposible sin sustancias tramposas (ya me entiendes). Por tanto, reconócete que no eres la máquina de súper-productividad que te han hecho creer los influencers. Regúlate, pero una vez que sepas de qué eres capaz y según el día y tus circunstancias. Lo mejor que puedes hacer con tu calendario o con tu agenda es ser minimalista. En el mismo día, siempre podrás sumar más cosas si te quedas corto.

4. Generosidad contra la avaricia

Ser dadivoso y espléndido con los demás no siempre es una cuestión de dinero. Vuelvo al parámetro tiempo, que es la otra gran divisa que muchos ignoran (es difícil tenerla presente cuando vives atado al plano físico).

Esta lección la interioricé el día que falleció mi abuelo, unos años después de que lo hiciera mi abuela. Fue un palo. Los sentía como mis padres y, a pesar de que se mudaran al portal de al lado por cuestiones de salud, nunca tuve tiempo para ir a visitarlos regularmente. Los quería con todo mi ser, pero en plena adolescencia priorizaba encerrarme en mi habitación. Como si ellos fueran eternos. Desde entonces, el sentido de familia (mi núcleo más cercano) es prioritario para mí. No hay día que no recuerde a mis abuelos, y por esa razón me niego a repetir la historia con mis padres, mi hermano, mi pareja y su familia.

Recientemente, a mis objetivos anuales, he añadido hitos que debo y quiero cumplir con mis amistades y mi familia. Desde un simple ‘mantener contacto’, a mentorizar, a escuchar, escapadas a la montaña, viajes, etc.

Otra hostia de realidad que me ha cambiado rotundamente ocurrió durante el verano de 2024, al día siguiente de terminar el Camino de Santiago portugués. Descansando, sentado con mi prometida en un banco del Parque de la Alameda con vistas a la Catedral, se sentó detrás de mí una chica ya mayor de edad junto a su madre. Por su conversación, entendí que estaban de viaje disfrutando de las vacaciones, y que el padre no había podido acompañarlas por trabajo (creo que debía ser transportista). También deduje, que la hija debía ser una persona con capacidades diferentes. La conversación entre ella y su padre por teléfono fue una revelación. Era inevitable escucharla, espalda con espalda, en un parque silencioso: «Papá, voy a apuntarme al próximo curso, ahora me siento concentrada y en casa me aburro, siento que estoy tirando el tiempo. Además, tengo que encontrar un trabajo porque me quiero sacar el carnet de conducir.» Tengo esa parte grabada a fuego. Qué simple, pero qué lección para uno que es ‘normal’ y tira el tiempo a veces. En ese momento, si hubiera tenido qué ofrecerle, le hubiera tendido la mano para trabajar juntos. En fin, algún día.

Recuerdo varias estampas similares en mi vida, pero sin duda éstas son las que más huella dejaron. Desde entonces, tengo claro que en algún momento, más pronto que tarde, ofreceré mi tiempo como voluntario. Ya sea en una residencia de mayores, o en un colegio o taller para personas con necesidades especiales.

Esta última reflexión me hace pensar que tal vez sea egoísta, porque al final y al cabo parece que estoy tratando de reconciliarme con mi pasado. Puede ser. Y también lo es porque cuando doy, aunque sea tiempo, tengo tranquilidad dentro de mí.

También aprovecho para poner aquí un alerta bien grande. No todo tu tiempo es para los demás, o al menos a mí eso no me funciona. Para dar lo mejor de ti, debes primero cuidar de ti. Darte espacio para pensar o meditar, para hacer deporte, para estudiar o para leer, para mejorar en tu trabajo y en tu economía, para tus aficiones, etc. En definitiva, tiempo para ti.

Y hasta aquí lo que he llamado mis ‘anarcovirtudes’, permitiéndome la licencia del juego de palabras. Al final, las he montado como me vienen en gana y así me siento cómodo. Siento que calan mejor en mí así distribuidas.

¿Debería comentar por qué no abordo el resto de virtudes existentes? Bueno, tal vez sea por miedo a enfrentarme a esas que no contemplo, y lo estoy disfrazando de pereza. En otro momento abordaré este tema.

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