«Todas las pompas son fúnebres.»
1.
No sé la de años que nos han vendido que «emprender» es quemar las naves [1], pedir un préstamo, abrir un Notion con emojis y vivir a base de glovos mientras construyes «la próxima gran cosa». La idea suena muy romántica, tanto que bajo la bandera de una futura libertad hay quien ha hecho de esto su forma de vivir. Haz la prueba, escribe «emprender» en Amazon. ¡Vas a flipar! Páginas y páginas de libros hablando sobre el tema: emprende sin dinero, emprende con hijos, emprende desde tu garaje, emprende para dummies, emprende con propósito, emprende sin huella de carbono, y un larguísimo etcétera. Buah…
¿No te pasa que hasta te genera frustración y ansiedad la idea de no estar haciéndolo? Ojo, respeto máximo a quien se la juega…
2.
Hay otro camino del que se habla poco: emprender dentro de la empresa que ya te paga. También lo dejé caer en La Teoría del Cerdo. No eres menos ambicioso por trabajar para otros. ¿O es que los empleados de estos gurús del emprendimiento son unos oprimidos? Eres menos ambicioso si solo entras por la puerta de tu oficina para que vean que estás vivo, pero pasas desapercibido en términos de negocio. Si te pagan por 8 horas, haz que cuenten, joder: aprende, propón, mueve la aguja y haz que el negocio gane. Y ya hablarás de tu sueldo cuando hagas todo eso.
3.
¿Qué es «intraemprender»? Emprender es identificar una oportunidad, crear una solución y capturar valor. Intraemprender es lo mismo, pero aprovechando el contexto, los datos y los recursos de tu empresa.
Repartes el riesgo. En vez de jugártela tú solo, el riesgo es compartido y la validación llega más rápido (porque ya hay clientes, existen procesos y tienes métricas).
Te lo explico. Tienes menos riesgo personal porque sigues cobrando mientras haces pruebas. Puedes validar tu idea en menos tiempo porque ya tienes acceso a los datos, a los clientes y puede que hasta conozcas los presupuestos de tu empresa o de los clientes. Si sale bien, queda en producción… y si no, aprendes con el negocio (pero tú no te arruinas). Inmediatamente, sube tu valor de mercado y, evidentemente, dentro de la empresa.
¡Cuidado! La trampa habitual es confundir intraemprender con hacer horas de más. No, machote (o machota). Se trata de elegir una palanca que intuyas que generará cierto impacto y sobre todo que puedas medirlo. Si no mueve un KPI, es puro teatro [2].
4.
Te doy otro empujoncito. Vamos a romper los mitos:
«Emprender es libertad; ser empleado es renunciar.» La libertad viene de aportar valor escaso. Puedes construirla en tu empresa igual que fuera.
«Para crear algo serio hay que irse.» Pues a veces sí, y a veces no. Si ya tienes clientes, datos y marca, renunciar a eso es caro.
«Sin recursos no se puede.» Recursos hay; lo que te falta es un caso de negocio claro y hacerlo como lo harías fuera. Es decir, sin presupuesto o pedir poco para el primer sprint.
«Si no es 100% nuevo, no cuenta.» Colega, el impacto viene de arreglar lo obvio: procesos rotos, mala medición, costes locos, etc.
5.
Si has llegado hasta aquí puede que algo resuene dentro de ti, ¿no? Bueno, pues queda lo más importante y también lo más difícil (ya lo hagas por tu cuenta o bajo el paraguas de quien te paga la nómina). Empieza por los dolores que tenemos todos y en todas las empresas del mundo, pero con la ventaja de conocer los procesos de tu empresa. Así que prueba una idea que mejore los ingresos, que reduzca los costes o que ahorre tiempo. Y hazlo con evidencia y un win memo que puedas llevar a tu jefe/a.
Intraemprender te paga dos veces: hoy (la nómina) y mañana (tu marca personal + mejores responsabilidades). Luego ya decidirás si te apetece emprender fuera. La mentalidad es la misma: resolver problemas reales, con datos y un método.
No necesitas permiso para pensar como un emprendedor. Sólo necesitas un primer problema, una hipótesis y una semana para poner algo en marcha. Lo demás se ordena remando. ¡Ah! Empieza por problemas pequeños, nada faraónico. No te vayas a hundir nada más tirar la barca al río…
—
[1] «Quemar las naves». Me encanta el origen de esta expresión. Se refiere a la decisión de Hernán Cortes de destruir sus propios barcos durante la Conquista de México, inutilizando sus naves para dejar claro a sus hombres que la retirada no era una opción (1519).
[2] «La vida es puro teatro.» La primera vez que escuché esta expresión fue por los 2000, creo. En un sample que algún rapero usó para la base de algún tema que no recuerdo, y que después descubrí que pertenecía a una canción de la cubana La Lupe.



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